PELIGRO

No te miran mis ojos,

sino mis hambres sin cansancio,

mi sed de siglos insaciables

en la peregrinación del tiempo.

Padezco una enfermedad

poéticamente impostergable,

que invade silenciosa

las células del sexo,

las células del alma.

Si adviertes en mis ojos

poemas de azules,

apetito de roces,

es que te has contagiado.

Del libro “Íntimos vitrales” , publicado en la editorial Ácana en 2006

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