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¿Y SU ÁRBOL GENEALÓGICO QUÉ?

Los apellidos, esas marcas de origen que sirven de referencia para seguir a través del tiempo los laberintos del árbol genealógico, probablemente surgieron cuando los nombres eran ya insuficientes para distinguir a un Juan de otro o a una María de otra.

Fue así como muchos de nuestros antepasados,  demostrando su sentido común, no se complicaron la existencia creando nuevas palabras para tal fin, sino que miraron a su alrededor y le endilgaron a cada cual, como apéndice del nombre, lo primero que les vino a la mente, o lo que más inmediato le quedaba.

De ahí que hoy en la nómina de apellidos estén presentes  palabras que designan a plantas, animales, oficios, partes del cuerpo, lugares geográficos, colores y una gran diversidad de elementos de la realidad cotidiana.

Basta una hojeada a la guía telefónica, un vistazo a los créditos de cualquier programa de televisión o una  visita al cementerio,  para comprobar que esas palabras que denuncian nuestro origen perdieron su significado inicial y pasaron a representarnos.

En esa breve indagación encontramos que muchas personas completan su nombre con Águila, Araña, Becerra, Borrego, Cordero, Curiel, Toro, Delfín Gallo, León, Gavilanes, Grillo y hasta de la Cerda y sin embargo, al llamarlos no pensamos en tales animales.

Hay muchos apellidos tomados de la flora: Álamo, Pino, Manzano, Naranjo; otros son nombres propios: Alberto, Enrique, Francisco, Alfonso,  y algunos oficios y profesiones: Piloto, Zapatero, Labrador o Pastor.

También abundan aquellos cuyo nacimiento parece remontarse siglos atrás tales son Rey, Reina, Conde, Castillo, Palacios, Hidalgo y hasta Escudero; se encuentran los que provienen  de lugares geográficos como Arroyo, Ríos, Monte, Sierra, Costa, Cuba, Cuevas y por supuesto los cósmicos, Sol y Luna .

Partes del cuerpo humano que sirven para el propósito de identificar a alguien son: Cabeza, Cuello, Muela y Ceja, mientras los hay que fueron tomados de objetos de uso cotidiano: Calderón, Rueda, Tablas, Piedra, Correa, Cruz, Puerta, Cortina  y por supuesto, Casas.

No menos numerosa es la lista de adjetivos devenidos apellidos: Bueno, Bravo, Recio, Clemente, Estable, Máximo, Pulido y como para gustos se han hecho los colores, estos también se incluyen: Rojas, Blanco Castaño, Marrón y Pardo.

Hay Aguada y Rioseco, Vuelta y Revuelta, Rey y Vasallo, Pena y Ventura, Palomo y Perdigón, Romo y Agudo, Tío, Sobrino y Nieto, Caballeros y Molinos, Caro y Barata, Ríos y Puentes, en fin…

Obviamente esa denominación que nos acompaña desde el nacimiento hasta después de muertos es un asunto tan fortuito que es posible que alguien obeso sea de apellido Delgado, un parlanchín Gago; un pesado Corcho; un infiel,  Leal; un anciano Infante; un ateo, Monje o un tacaño, Regalado.

Lo anterior no significa que no haya casos a los que su apellido le viene como anillo al dedo, vean si a  un millonario no le pega ser llamado Rico;  a una poetiza, Musa, a un bombero Valiente y a un campesino, Del Monte.

Pero  es en la posibilidad de las combinaciones donde la cosa se pone simpática. Veamos algunos ejemplos: Becerra Ahumada parecería un excelente plato; Arco Cuadrado, poco probable; Domingo Diez, una fecha; Galán Cortés, tremendo conquistador; Armas Mesa  (sin dudas carpintero)

No menos sugerentes serían León Manso, Guerra De la Paz, , Cabello Calvo, Infante Travieso, Pena Alegre, Casados Consuegra, Campo Izquierdo o Lunar Bello.

Y cuántas suspicacias no despertarían los que inscriptos en registro civil con las siguiente combinaciones: Gallo Guardado, como si lo escondiera de una visita; Amado Licor, será que le gusta el ron; Cornelio Madruga, que se cuide del lechero, Alemán Prieto o Rubio Negrín, estaría raro, muy raro y bueno quien fuera Chao Amor, ¿llegaría al matrimonio?

En fin que cualquiera puede tener un árbol genealógico lleno de animales, con injertos de palmas o de robles o vaya usted a saber qué babel de cosas que lo carguen tanto que sus ramas amenacen caer y con ellas su historia personal. 

Lo cierto que gústenos o no arrastramos por la vida y más allá, esa irrenunciable herencia que marcada por la  imaginación de nuestros antecesores nos identifica, no obstante vale aclarar que cualquiera que sea el origen de un apellido,  lo que cuenta es lo que somos, porque como dice el refrán: “El hábito no hace al monje”.

NOMBRES CURIOSOS DE LA GEOGRAFÍA CUBANA.

Quien realice un breve recorrido por la geografía cubana,  podrá comprobar con asombro que en ella abundan nombres de muy disímiles procedencias: de la fauna, la flora, la historia, la religión, el buen humor, la fuerza de la costumbre y que hasta los hay inclasificables.

Entre los poblados, ciudades y sitios diversos cuya denominación deriva del reino animal un viajero curioso puede encontrar muchos que tomaron su nombre de las aves: Las Auras, Los Patos, El Sijú, Perico, La Gallina, Canario, Las grullas y Rincón del gallo, son ejemplos.

En esa lista abundan los que coinciden con los de algunos mamíferos o términos afines a ellos, tal es el caso de: Las Chivas, Manatí, La Mula, Los Puercos,  Guamo, El Zorral, El Toro, Almiquí, Leones, Los Murciélagos Verracos; Cayo Ratones, Bahía Perro, Ojo de Toro, Cabeza de Vaca, La Perrera y El Cuero

También los llamados cual insectos: Alacranes, Guasazas, La Mosca, La Hormiga, Moscones, Mariposa y El Cocuyo,  y como peces o reptiles: El Majá, La Majasera, Jicotea, Tortugas, Camarones, Anguila, Caimana y Cocodrilo.

Y a propósito de reptiles, aunque la Isla de Cuba no ostenta oficialmente el nombre de Caimán, no hay dudas de que su imagen en el mapa se asemeja  mucho a uno de ellos, por lo demás verde, debido a que prácticamente durante todo el año permanece tapizada de ese color  por su fértil naturaleza.

Vale también recordar que El Poeta Nacional cubano, Nicolás Guillén,  seducido por la apariencia de la Mayor de las Antillas, creó una imagen en la que concede más énfasis al color predominante que a la forma y la llamó “verde lagarto verde”.

La rica flora local refleja su diversidad en este geográfico compendio en locaciones como, El Naranjo, Cupey, El Coco, Boniato,  Boniatico, Los Ñames, Limonar, La Yagruma, La Ceiba, La Palma, Guayabo. El Plátano, Tamarindo, Majagua, El Cedro, El Mamey, El Mango, Júcaro, Aguacate, Margaritas y varios más.

Muchos pueblos a lo largo y ancho de este país llevan los nombres de ilustres próceres, entre ellos cito algunos de los más notorios, José Martí, Héroe Nacional de Cuba, Carlos Manuel de Céspedes, Padre de La Patria, y Antonio Maceo e Ignacio Agramonte, relevantes figuras de las guerras independentistas.

Se incluyen en este panorama poblados homónimos a países, fundamentalmente latinoamericanos: Guatemala, Perú, Colombia, Venezuela, Panamá, Costa Rica, Argentina, Brasil…, de otros continentes: Filipinas, Australia y Corea o personalidades como Colón y George Washintong. 

No menos prolíferos son los nombres de santos, que sin discriminación de género van desde Catalina, Rita, María, Fe, Rosa, Isabel y Clara, junto Agustín, Lorenzo, José, Domingo, Rafael y Pedro, hasta sumar casi medio santoral.

En este imaginario tránsito por la geografía insular cubana, las creencias religiosas dejaron su huella en: El Jigüe, Providencia, La Caridad, Redención, Los Ángeles, El Rosario, Las Ánimas, Dios Ayuda, Palo del Diablo, La Magdalena, La Purísima, Piedad,  Paraíso y La Gloria.

Y como de contradicciones está lleno este mundo, estas no podían estar ausentes en este asunto geográfico y por eso hallamos lo mismo Campo Florido que Palo Seco, Pozo Seco y  Ojo de Agua, Madruga y Mala Noche, La Bajada y La Sierra, Morón y Rancho Veloz, La Dolorita y La Alegría, Arroyo Blanco y Pozo Prieto, La Soledad y Cuatro Compañeros.

Existen sitios cuyos nombres parecen ser una invitación a visitarlos, qué sino sucede con: Las Delicias, Bombón Norte, El Descanso, La esperanza, Vista alegre,  Vista Hermosa,  Vista Bella, Buena Vista, Remedios, Laboriosidad, La Fama, Alta Gracia, La Felicidad, La Paz, La Victoria y Buenaventura,

En algunos casos pareció primar alguna predisposición a las matemáticas, esto ocurre en, Dos Palmas, Dos Hermanas, Dos amigos,  María Tres, El Nueve, Número Quince, Cienfuegos, El Triángulo y en otros se impuso el gusto por las joyas: La Sortija, La Prenda, Esmeralda, El Rubí y La Perla.

Finalmente  los hay de muy difícil clasificación: Gurugú, Sipiabo, Jarahueca, Maragabomba, Bolondrón, Güira de Melena, Melena del Sur, Corral Nuevo, Mata Abajo, Esquina de Ponce, El Iris, Suspiro, La Jaula, La Tumba y  Pisa Bonito.

Cabe concluir que aquí se cumple aquello de que “para gustos se han hecho los colores”, aunque si bien es cierto que resulta imaginativo este inventario, hay algunos casos que se las traen, si de definir el gentilicio de sus habitantes se tratara.

De “Amenidades”

REFRANES: ESCOJA EL QUE LE CONVENGA.

No hay nada mejor para echar atrás los problemas y quedar bien con uno mismo, que acudir a un refrán, esa breve sentencia nacida de la práctica vital humana y trasmitida de boca en boca, siempre está a mano para justificar cualquier situación que se presente.

Los hay para todos los momentos, no importa si es una fiesta o un velorio, un éxito o un fracaso, un amor o un desamor, aunque uno contradiga al otro, porque cada persona es un mundo aparte  y en la diversidad de puntos de vista y circunstancias, para gustos se han hecho los colores.

En su gran mayoría tienen una perspectiva positiva, por eso, si usted se encuentra en problemas: a mal tiempo buena cara, detrás de la tempestad viene la calma y cuando la noche es más oscura, amanece; métale el cuerpo al asunto, olvide el tango y cante bolero pues andando se quita el frío.

Aunque no por mucho madrugar se amanece más temprano, es sabido que al que madruga Dios lo ayuda y la suerte es loca y a cualquiera le toca, tenga en cuenta que quien da primero da dos veces, lo cual implica que la luz de adelante es la que alumbra, además, la yagua que está pa´uno no hay vaca que se la coma.

Es verdad que nadie está contento con su suerte, pero del lobo un pelo, piense que Dios aprieta pero no ahoga y de los cobardes nunca se ha escrito nada, siempre sin excesos puesto que vale más que digan aquí corrió que no aquí murió, no olvide que la esperanza es lo último que se pierde.

Sonría, la buena cara es carta de recomendación, si la barba no hace al filósofo, de todas maneras de noche todos los gatos son pardos, por supuesto,  el mono aunque lo vistan de seda mono se queda; a pesar de ello insista en sus propósitos, no deje camino por vereda  aunque todos los caminos conducen a Roma.

No pierda tiempo, la oportunidad la pintan calva, no crea eso de que nadie es profeta en su tierra, por mucho que vuele el aura, siempre el pitirre la pica, todo lo que pasa conviene, nunca es tarde si la dicha es buena y vale más tarde que nunca.

   Si alguien le causa penas, recuerde que quien bien te quiere te hará llorar, si sus dificultades son con un vecino no se ofusque con él: ¿quién es su hermano? El vecino más cercano. Si lo sorprende un aguacero en medio de la calle: siempre que llueve escampa. Si se siente solo, es mejor andar solo que mal acompañado, olvídese de que una mano lava a la otra.

Si la montaña no viene a usted, vaya a la montaña, un clavo saca a otro, es tan malo no llegar como pasarse, y si tiene miedo cómprese un perro, para que sea suyo, porque quien da pan al perro ajeno pierde el pan y pierde el perro y casi siempre lo barato sale caro.

Al pasado lo pasado, lo que fue y no es, es como si no hubiera sido, los últimos serán los primeros, pero nunca diga de esta agua no beberé, porque al mejor escritor se le va un borrón y es mejor precaver que tener que lamentar, no todo lo que brilla es oro, sueñe que no sólo de pan vive el hombre.

Críe fama y acuéstese a dormir, eso sí, no se descuide pues al camarón que se duerme se lo lleva la corriente, aspire a mucho, caballo grande ande o no ande, no se preocupe por eso de que el perfume bueno viene en frasco pequeño, no se prejuicie, el que come bueno y malo come más.

Elija el refrán a su medida, reflexione serenamente, el que espera desespera, a un gustazo, un trancazo; mire bien por donde camina, porque el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, se lo advierto: guerra avisada no mata soldados, ría conmigo, total, lo que no se va en lágrimas se va en suspirosel que ríe último, ríe mejor.

Incluido en mi libro “Amenidades”  de crónicas ligeras

Importancia del dos

Aunque los números conceptualmente son infinitos, tal parece que la naturaleza y el hombre se han empeñado en privilegiar al dos, para de esa manera enfatizar la importancia de la pareja.

Por más que al uno se le considera el primero, esa condición es nada si se compara con el número que le sigue, pues en soledad bien poco puede hacerse, en cambio acompañado todo resulta más fácil.

Al mirar en detalle nuestro cuerpo vemos que está lleno de dualidades, empezando por el órgano fundamental: el cerebro, cuya masa se compone de los hemisferios izquierdo y derecho.

También tienen su doble las orejas, los tímpanos, las trompas de Eustaquio, y ya en el rostro, cejas, párpados, pestañas, ojos, labios y mejillas se exhiben en esa cifra.

La nariz, aunque parece una, tiene dos ventanas, lo mismo que la dentadura, y el llamado cielo de la boca posee en su cenit una hendidura indicando sus mitades.

Dobles son las escápulas; la espalda y el vientre cuentan con sus correspondientes líneas divisorias; hombros y extremidades superiores están a ambos lados, o sea, más de lo mismo.

Los dedos de las manos son diez, pero no, porque cada uno de los cinco tiene su igual en la otra y el asunto es de pulgar a pulgar o de meñique a meñique, siempre en pareja.

Tales características se repiten en las extremidades inferiores con sus pares de fémures, rótulas, tibias, peronés, tarsos y metatarsos, hasta reiterar en los dedos lo que sucede a las manos.

La presencia de este persistente número en la anatomía trasciende a órganos internos: riñones, glándulas suprarrenales, intestinos (delgado y grueso) y pulmones, todos con su debido repuesto.

El corazón suele considerarse uno, cuando en realidad está integrado por dos sistemas independientes de ventrículo-aurícula, al punto que cuando por alguna falla se mezcla la sangre de ambos lados, es necesario corregir el problema para salvar la vida.

Esas duplicidades no son una exclusividad del hombre, incluyen tanto al mono como a la gallina, a gatos y peces, y así a una gran cantidad de especies animales; incluso muchas plantas necesitan el polen de otra, para no desaparecer.

De modo que las parejas se suceden acá y allá: el toro y la vaca, la yegua y el caballo, en una complementación que asegura la supervivencia.

En nuestra especie, tal condición adquiere matices sublimes, cuando la compenetración supera lo físico y se eleva para alcanzar el amor, algo que sólo puede ser entre dos.

La preponderancia de esta minúscula cifra ha sido trasladada por el hombre a muchas de sus invenciones, por eso los libros tienen dos cubiertas, los aviones dos alas y las calles dos aceras, por sólo citar algunos ejemplos.

No en vano la sabiduría popular afirma que una mano lava a la otra y las dos se lavan juntas.

No obstante si lo anterior no resultara suficiente para apreciar cuan necesaria es la suma de uno y uno, pruebe a bailar solo, y verá que no es lo mismo.

 

NORMAS POPULARES PARA EL BIENESTAR Y EL BUEN VIAJAR

En cierta ocasión en que me disponía a viajar, y mientras esperaba el anuncio de mi tren, vi un pequeño cartel que alguien con intenciones de mejorar a los demás, había pegado en una de las paredes de la estación.

Era un sencillo listado de preguntas y respuestas cuya obvia finalidad era contribuir a disminuir el natural estrés que asalta a los viajeros, ante los riesgos de convertirse en parte de un coche en movimiento.

¿CUÁL ES EL DÍA MÁS BELLO? Era la primera interrogante. De inmediato recordé paisajes, conciertos, atardeceres de horizonte engalanado, instantes de fina intimidad, metas alcanzadas. Sin embargo, para el autor de aquella especie de encuesta el día más bello no era otro que el presente, es decir el HOY, el que se vive a cada instante.

La siguiente pregunta, ¿QUÉ ES LO MÁS FÁCIL? tenía como respuesta: EQUIVOCARSE, lo que me pareció un llamado a la autoestima, un intento de aumentar la confianza en uno mismo: ya que cometer un error es algo que le sucede a cualquiera y  que se sabe casi siempre tarde.

El anónimo altruista continuaba: ¿CUÁL ES EL PEOR OBSTÁCULO? y a renglón seguido respondía: EL MIEDO, así que como por mi mente deambulaba el temor a un accidente ferroviario o a quedarme dormido y desembarcar en una estación desconocida, nada mejor que ese pensamiento para restaurar mi valentía.

Me vino como anillo al dedo que aquél interlocutor desconocido me diera motivos reconfortantes para viajar, pues al leer que la respuesta a la siguiente pregunta: ¿CUÁL ES LA DISTRACCIÓN MÁS HERMOSA? Supe que era: EL TRABAJO y pensé que valía la pena emprender el camino al entretenimiento.

Otra buena propuesta fue considerar que los mejores profesores son LOS NIÑOS, ello hizo que mi mente se llenara de frases célebres, giros audaces, ejemplos de sinceridad, chistes adorables y otras amorosas vivencias con las que esos pequeños seres siempre me han hecho pensar que ser adulto no siempre es ventajoso.

¿CUÁL ES LA PRIMERA NECESIDAD?  -continuaba el cuestionario-. Sin apresurarme a  leer la respuesta me remití a la comida y sus consecuencias, o a lo que me pareció imprescindible e impostergable,  pero salí de mis dudas al ver que allí se afirmaba que lo más necesario para un ser humano es COMUNICARSE. Quizás por eso, admití: lo primero que hacemos al nacer es gritar.

Para que el suspense, ingrediente de toda buena historia, no faltara, la otra interrogante fue: ¿CUÁL ES EL MAYOR MISTERIO? La oscura respuesta, LA MUERTE, llenó el aire de un aroma mortífero, porque muy cerca de mí alguien se suicidaba lentamente con un cigarrillo.

Nuevamente aquél desconocido filántropo salió en mi ayuda al inquirir ¿CUÁL ES EL PEOR DEFECTO? Y sin dar oportunidad para indagar en  ese  delicado tema se contestó: EL MAL HUMOR, y  por supuesto, como soy de los que no le gusta caer mal, empecé a  sonreír.

A tono con mi buen ánimo las tres preguntas siguientes se referían a ¿EL REGALO MÁS BELLO?, ¿LO IMPRESCINDIBLE? y ¿LA SENSANCIÓN MAS GRATA? Las respuestas en ese orden eran: EL HOGAR, EL PERDÓN Y LA PAZ INTERIOR. Me sentí tan bien que casi lamenté que en ese momento anunciaran  la salida de mi tren.

Pero como la curiosidad es hermana de la sabiduría no quise marcharme sin saber en qué terminaba aquél cuestionario y leí con apresurado placer que el mejor remedio es el OPTIMISMO, la mejor satisfacción es EL DEBER CUMPLIDO y la cosa más linda EL AMOR.

Ya instalado en el coche, me recosté en mi asiento e intenté recordar las preguntas y respuestas, lo cual me llevó a las grandes encrucijadas filosóficas que han suscitado infinitas polémicas, al punto que al llegar a mi destino el viaje me pareció tan inusualmente rápido, cómodo y productivo y lamenté no haber copiado aquella interesante encuesta.

Tomado del libro “Amenidades” de Sergio Morales Vera