Hacia la transparencia

Fue la  mañana del viernes catorce de septiembre cuando comprendí que Dunia era posible.  En una pared de mi cuarto estuvo desde siempre aquella pintura otoñal: los troncos grises de los árboles y las hojas secas en segundo plano, algunas a punto de escapar empujadas por un frío vientecillo. Una tonalidad ocre en fuga hacia la infinita distancia. Un pedazo de cielo opaco, con un agujero de luz, como un diamante suspendido en el aire, a punto de caer o a punto de ascender. Delante, al primer golpe de vista, el puente arqueado, con una fina baranda de metal a cada lado y más abajo, casi en el borde inferior, un hilo de agua iluminada, fulgurante.

Cómo llegué hasta allí, nunca lo supe.  Hallo una nebulosa en eso al intentar recordarlo Cuando nos encontramos, Dunia estaba recostada a la baranda del puente mirando el riachuelo.

Tampoco sé de dónde salió aquella pintura.  Mi madre dijo que la trajo el abuelo en uno de sus tantas aventuras por el mar.  Mi padre  atribuyó esa versión a las alucinadas lecturas de mi madre.  El abuelo siempre estuvo en tierra y el cuadro habría sido pintado por Rosalba, su tíabuela, antes de ser internada definitivamente en un manicomio, luego de que se declara inmortal e intentara suicidarse para demostrarlo.

Crecí indiferente ante aquella pintura. A fuerza de mirarla dejé de percibirla. Mis ojos resbalaban sobre ella, como los días sobre mí.  Una noche desperté  con una certeza de placer entre los labios. Me  asusté mucho ante la evidencia de mi primer orgasmo y recordé haber soñado con Dunia. Desde entonces, todas las noches soñé con ella y en la suavidad de su piel imaginada, fui perdiendo la pureza de la infancia.

Hoy todos me miran y mueven la cabeza. Mi madre, a veces llora y mi padre no habla de eso. Trato de explicarles que voy hacia la transparencia y eso me hace feliz, pero les noto la tristeza en la mirada. Sé que Dunia está esperando en algún sitio a que todo termine, para unirse a mí definitivamente.

Aquél viernes catorce de septiembre tuve la certeza de ver mis sueños convertidos en realidad. El paisaje me resultaba familiar.

–   Estoy seguro de que alguna vez estuve aquí – dije como si le hablara al viento y ella me contestó como si fuera el viento.

–   Siempre has estado aquí.

–   ¿Entonces nos conocemos?

–   Siempre nos hemos conocido

–   ¿Cómo lo sabes?

–   Porque siempre he estado aquí, esperándote.

Me acerqué a ella y le tomé las manos. Temblaba como las hojas secas de los árboles temblaban en el cuadro.

–   ¿Cuánto hace que me esperas?

–   Mucho tiempo, todo el tiempo. ¿Ves el agua del riachuelo? Ha corrido siempre, aquí o en otro sitio. Yo he sido el agua alguna vez y tú has de serlo. Como dos gotas de agua transparente nos uniremos, por eso espero.

Hoy no sé si ella escapó del cuadro o yo fui diluyéndome en la pintura. Ella vino para amarme, como sólo puede amarse lo imprescindible. El aire estaba lleno de resonancias y descendimos hasta el agua. Hicimos el amor sobre septiembre, sobre el ocre colchón de hojas secas, envueltos en la transparencia del riachuelo.

Después volví a la vida y ella siguió en el cuadro, mirando pensativa el agua. Noche a noche intenté soñar, volver al puente para estar con ella.

Mi padre pensó que estaba enfermo, mi madre insistió en llevarme al médico y éste me declaró saludable. Mi madre dice: “pero hijo” y llora. Mi padre me mira y mueve la cabeza.

Es inútil explicarles que sólo intento soñar, para alcanzar la transparencia de una gota de agua y volver con Dunia, quien también, como una gota de agua, me espera en algún lugar del universo.

Autor:  Sergio Morales Vera

Del libro:  El descifrador y otros relatos.

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lunes

Los lunes son como un dolor de muelas
descalifican al fin de la semana,
son como despertarse una mañana
y ser un barco que perdió sus velas.

Los lunes están llenos de secuelas,
sordos, cuando repica una campana:
es un día que cierra la ventana
cuando a la luz del día te develas.

Un sabor agridulce invade el gusto
de lo que desayunas con premura,
se anuda a la garganta como un susto;

o como una visita inoportuna
como nadie o quizás, como ninguna
cuando el reloj parece que se apura

TANGO

Como en el tango “Volver”
allí donde hicimos nido,
algo nuestro se ha perdido,
algo ya no puede ser.
Ya no es posible beber
el agua que se ha bebido
y como de mí ha partido
tanto que fui sin querer
¿quién me podrá defender
de la muerte y del olvido?.

La distancia suele ser
pirata de lo vivido,
sepulcro de lo sentido
que no aprendió a renacer.
El agua suele correr
desde el manantial que ha sido
y el espacio recorrido
es agua de no volver,
¿quién me podrá defender
de la muerte y del olvido?

ALÉGRATE

Alégrate de que existe
alguien que lleva tu nombre,
y la luz del sol alfombre
el camino que escogiste.
Que tu corazón insiste
para entregarte el placer
simple de mirar llover
o de tomar un café:
alégrate siempre de
haber nacido mujer.

Del libro “Silencios con luna”

VOZ PROPIA

Soy el verso en el papel,
en busca de una voz propia,
y aunque soy sólo una copia,
intento ser la más fiel,
soy copia de todo aquél
que algo auténtico me ha dado,
suelo andar equivocado
porque suelo ser sincero,
he vivido sin dinero,
sin amor, no lo he logrado.

Vivir es echar raíz
en el surco de una roca,
cordura que se desboca
una mañana feliz,
es cruzar por el tamiz
desleal del egoísmo,
es alzarse del abismo
con fortaleza bastante
para tornar en gigante
la pequeñez de uno mismo.
 

CARTA PARA NINGÚN BUZÓN

(Por el día de San Valentín. Feb de 2016)
Mejor que hablar mucho es amarse en silencio. Renunciar a las palabras: las manos y la lengua ejercen un idioma dulce, sin contradicciones ni espejismos.
No todo es desnudarse, es bueno a veces amarse a distancia, conocer a la pareja de memoria y eso aseguraría el placer secreto.
Todos somos la acumulación de un desastre, pero también cierta calidad de amor; el sexo no es una limosna, no hay por qué ser como un insecto que deba arrastrarse por las paredes de otra vida.
Amar no es una ofensa, ni una falta de autoestima, es una enfermedad maligna, una encrucijada fatal cuando uno sabe qué hacer con su propia vida.
Todo corazón soberbio debe ser capaz de sobrevivir al desamor, pero ¿Por qué no amarse tan desnudos con la más íntima poesía?
La vida sin amor es una desvergüenza, un acto de cobardía. De lo contrario hay que conformarse con el olor a despedida, con no encontrar unos ojos desnudos, y aceptar el silencio desclasificado, mientras se va por la vida sin asombro y sin luz.
Nada será mínimo, ni estará perdido, si el amor es una presencia aferrada, se sostiene, gira, golpea a la rutina con su intangible silueta, AUNQUE al pronunciar un nombre, no haya más remedio que archivarlo en la memoria en un placer perdido, o en un poema trunco.

DUELO DE FANTASMAS

DUELO DE FANTASMAS
A pesar de estar trunco, se amanece.
ROLANDO ESCARDÓ

Amanece un silencio obligatorio,
se acusan mutuamente dos fantasmas,
canta un enterrador porque hay velorio,
el domingo se asfixia entre dos asmas.

Un loco regresó a su sanatorio,
lo prefiere al discurso de las miasmas
del inútil domingo en que el jolgorio
se convirtió en un duelo de fantasmas.

Pasa anunciando su ilusión encinta
un vendedor de engaños relumbrantes,
el sol sin horizonte se despinta

el amor se refugia en los tragantes
y en el domingo que no lo parece
a pesar de estar trunco, se amanece.

Tomado del libro “ïntimos Vitrales” Publicado en 2006.

CONFIDENTE

Un poema es un extraño
en quien, de pronto confías,
que va pastando en tus días
su misterioso rebaño,
es el minuto de un año
cuyo tránsito detiene
y como un niño que viene
sonriente en busca de amor;
le basta con una flor
para que el jardín se llene.

Los años tenaces cruzan
el horizonte en un vuelo
preñado de luz, anhelo
un tiempo azul, más se excusan
las palabras que rehúsan
mi vocación de armonías,
migajas de tantos días
que perdieron su tamaño:
Un poema es un extraño
en quien, de pronto confías.

Tomado de mi libro “Oficio amable” (inédito)